Boletín N° 20 – 2015 – Vuela tan alto como las águilas

Como seres humanos podemos y tenemos la capacidad de elegir, de actuar en consecuencia con esas elecciones, y una vez se cuenta con semejante facultad, es posible optar por la vía de las realizaciones. Estos son algunos de los argumentos que las personas utilizan para no hacer realidad sus sueños:
 
“NO TENGO DINERO”. Ésta, como las demás excusas, reflejan estreches de visión, limitándose a una vía, la cual al percibirla llena de obstáculos, en muchos casos imaginarios, terminan haciendo que quien piensa así, no lleve a feliz término el proyecto empresarial que se trae entre manos, no estudie o no se facilite la ocasión de vivir una vida de calidad.
 
“NO TENGO TALENTO”. Es otro falso argumento para inmovilizarse. Hace que muchos se paralicen y concluyan que aunque tienen sueños y proyectos, y saben que se pueden lograr, entienden que no es para ellos, porque sienten no estar dotados, se quedan inertes fomentando la frustración.
¡Qué más facultad extraordinaria que la de elegir, y la voluntad para vivir de acuerdo a elecciones! No obstante, suponer dones asombrosos, como la garantía para alcanzar altas cumbres, es ilusorio. “Tener talentos no es suficiente”. Como dijo David Seabury: “el héroe no es impulsivo, se prepara”.
 
“TENGO QUE PREPARARME PRIMERO”. Otra justificación muy poderosa que suena a respuesta seria, por lo cual hay que esperar para estar listos y sólo hasta entonces poder comenzar. Prepararse no tiene nada de malo, de hecho, es crucial para avanzar en cualquier proyecto personal, familiar o empresarial. Sin embargo, este argumento es el favorito de quienes encuentran una explicación a la mano que evidencie la postergación.
 
Sin notarlo, este comportamiento va aplazando la vida misma, asumiendo que, cuando se logre el siguiente nivel, entonces sí se hará. Aristóteles decía: “lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciéndolo”.
 
“ME DA VERGÜENZA, ME DA PENA, QUÉ DIRÁN DE MI”. Es increíble la cantidad de personas que condicionan su conducta por la presunción que hacen, de lo que posiblemente los demás puedan decir de ellos. Y lo peor de esta conducta, es que no sólo se abstienen por el qué pensarán los demás, sino que caen en la complacencia ajena. En otras palabras, desean quedar bien con todo el mundo. Individuos así, resultan ser sombríos, amargados, culpan a los demás de sus desdichas, y encima de todo, están haciendo cuanta cosa pueden para tener contento a todo el mundo ¡Una locura!
 
“TENGO MIEDO”. Es una razón de bloqueo muy poderosa. Es natural, no provee protección, pero cuando cruza la línea y es imaginado, literalmente paraliza a las personas. Este miedo no es más que la anticipación de un evento dañino, que sólo está en la conciencia. El dilema es que la mente reacciona ante los pensamientos poderosos como ante un evento real, deteniendo a la persona que los manifiesta. 
“UNO NO HACE LO QUE QUIERE, SINO LO QUE TIENE QUE HACER”. Es condenatoria, no sólo frustra, sino que corta de raíz cualquier posibilidad de una vida realizada. La resignación malsana como en este caso, es vista por muchos como una virtud, una especie de aceptación abnegada que puede traer beneficio futuro, en todo caso, es otro argumento paralizador. Las personas con esta forma de ver la vida, la aprecian de manera polarizada, a blanco y negro, o es esto o lo otro.
 
“NO HABÍA MÁS, ME PUSE A TRABAJAR EN LO QUE ENCONTRÉ”. No importa si no corresponde a lo que estudió, si no es consecuente con los propósitos trascendentales, nada tiene que ver que se tengan ciertas pasiones o hobbies en los que se pueda ser increíblemente ágil y productivo, porque de eso, como suelen decir supuestamente los que saben, no se puede vivir. En tal sentido, habrá que acomodarse a la primera oportunidad que se presente y con olfato oportunista, no importa en qué, lo importante es dar con algo que, en este caso, permita sobrevivir. Las personas así evitan todo riesgo, van a lo seguro y se sienten satisfechos de ser lo que son en lugar de ir más allá y tener éxito.
 
Como seres humanos tenemos la enorme facultad de elegir una forma de vivir que dignifique nuestra existencia y la de quienes nos rodean, realizándonos cada vez más, o por el contrario, adoptar esas elecciones que deploran nuestra vida, limitando todas las alternativas.
Fuente: safetywork.com

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